El caballero desmontó su caballo y se acercó al septón. Con un movimiento lento, se quitó el yelmo, revelando un rostro pálido y demacrado, con ojos que parecían haber visto demasiado.
Ebrose lo miró con atención, percibiendo la desesperación y la culpa que emanaban del caballero. El caballero desmontó su caballo y se acercó al septón
El caballero no respondió. Simplemente asintió con la cabeza y continuó su camino, adentrándose más en el bosque. se quitó el yelmo
Mientras tanto, en un pequeño claro, un septón llamado Ebrose se encontraba oficiando una ceremonia para purificar un grupo de peregrinos que habían llegado al bosque en busca de la curación de diversas enfermedades. De repente, el septón notó la presencia del caballero oscuro, que se había detenido en las afueras del claro. revelando un rostro pálido y demacrado